JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ

Oviedo, 1943


De familia relacionada con el Arte heredó el don de la escultura de dos hermanos de su madre, sus tíos Carlos y Luis Fernández eran tallistas, uno de ellos en mármol y otro en madera. Esa herencia arraigó en José Luis con gran fuerza. Aunque de formación autodidacta comienza a trabajar la técnica en el taller de Jorge Jordán y la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo.

Con tan solo 17 años se traslada a Madrid. Su formación se mantiene alejada de las escuelas y facultades de Bellas Artes y trabaja como ayudante de escultores de gran prestigio como Juan de Ávalos, Ramón Lapayese, Enrique Pérez Comendador, José Planes y Antonio Suárez. Pero, por encima de cualquier otra influencia, se puede observar en su obra la poderosa huella de dos de los máximos exponentes del arte escultórico del siglo XX: el rumano Constantin Brancusi y el británico Henry Moore. 

Desde un principio tiene taller propio en Vallecas, donde va forjando su propia personalidad como escultor y continua relacionándose con otros creadores en sus intensas sesiones de dibujo en el Círculo de Bellas Artes, donde conoce a escultores de su generación como: Eduardo Naranjo, Miguel Ángel Calleja y Cristóbal Toral. 



Su obra enlaza la tradición con lo más atrevido de las innovaciones y las vanguardias artísticas. Com-bina el figurativismo con la más resuelta abstracción. Sabe adentrarse con maestría en la utilización tanto de los materiales clásicos (madera de pino, nogal o caoba, bronce, piedra de la localidad santanderina de Escobedo, mármol de Carrara o de Calatorao) como de los modernos ideados en la época contemporánea (acero inoxidable y hormigón).

En el año 1972 monta una fundición y taller de escultura, junto con su hermano Enrique, llamada ESFINGE, que ha llegado a convertirse en un referente como fundición especializada en escultura.

La escultura de José Luis Fernández está presente en numerosas colecciones privadas españolas y extranjeras. Pero también lo está en las calles de diversas poblaciones españolas, –Oviedo, León, Torrejón de Ardoz–, en las que obras suyas representan a personajes a los que rinde homenaje sentados en bancos de la calle, como si de un vecino más se tratara. 



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